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About Antonio Orlando Rodriguez

Antonio Orlando Rodríguez, autor e investigador literario cubano, ganador del Premio Alfaguara de Novela 2008 con su obra Chiquita. Es autor de otros libros para adultos, como la novela Aprendices de brujo, los libros de cuentos Strip-tease y Querido Drácula, la obra de teatro El León y la Domadora, y los estudios Panorama histórico de la literatura infantil de América Latina y el Caribe y Escuela y poesía. Su producción para niños incluye títulos como La vuelta al mundo en cinco cuentos, Cuento del sinsonte olvidadizo, La Escuela de los Ángeles, El rock de la momia y otros versos diversos, La gata de los pintores, Mi bicicleta es un hada y otros secretos por el estilo, El Sueño, Cuentos de cuando La Habana era chiquita y Abuelita Milagro. Reside en Estados Unidos.

“Una noche para niños mayores de edad” en Miami

Teresa Maria Rojas y Antonio Orlando Rodriguez

Teresa Maria Rojas y Antonio Orlando Rodriguez.

Tomado de Diario de Cuba

Mañana viernes 12 de junio, a las 8:00 pm, el escritor Antonio Orlando Rodríguez presentará cuatro libros de reciente publicación en la librería Books & Books, de Coral Gables, Miami, en un evento titulado Una noche para niños mayores de edad, organizado por la Fundación Cuatrogatos y Books & Books con el apoyo de The Center of Writing and Literature @ Miami Dade College.

Los helados invisibles y otras rarezas apareció en México, publicado por Ediciones SM, en diciembre del 2014; en marzo salieron en Estados Unidos El rock de la momia y otros versos diversos y Conoce a José Martí, ambos bajo el sello Alfaguara de Santillana USA, y al mismo tiempo se imprimió en Colombia, por Panamericana Editorial, Abuelita Milagro. Me atrajo la idea de presentar juntos estos libros como una suerte de celebración de la fantasía, la poesía y el humor”, explica el ganador del Premio Alfaguara de Novela 2008 con su novela para adultos Chiquita.

¿Por qué “una noche para mayores de edad”?, preguntamos al autor y a la primera actriz Teresa María Rojas, quien será su invitada especial en esta noche de versos y cuentos.

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Para empezar el 2015

Antonio Orlando Rodriguez Los helados invisibles Ediciones SMQuiero comenzar el nuevo año 2015 deseándoles mucha salud, felicidad y éxitos en todos los proyectos que emprendan. Y, en especial, deseándoles(nos) un mundo más sensato, justo y armonioso.

El año que dejamos atrás fue uno de los más difíciles de mi vida, pues perdí a familiares y amigos que eran sumamente importantes para mí. Sin embargo, también me trajo grandes alegrías. Una de las más recientes: la publicación en México, en el mes de noviembre, del libro Los helados invisibles y otras rarezas, que reúne poemas que escribí a lo largo de un cuarto de siglo, entre 1989 y 2014. Quiero dar las gracias por este precioso libro a la ilustradora Cecilia Varela, al diseñador Quetzal León, a  los editores Olga Correa Inostroza y Federico Ponce de León y, de manera muy especial, a Ana Arenzana, gerente de literatura infantil y juvenil de esta editorial, quien apostó por la obra y concibió esta edición tan especial.

Aquí les copio, a manera de regalo de año nuevo, uno de los poemas del libro:

En la tienda

Me da un kilogramo de alegría.
Un cartucho de optimismo.
Cuatro cajitas de ternura.
Y toda la esperanza que tenga,
mire que me hace mucha falta.
Envuélvamelo bien,
¡y gracias!

Siete novelas que quiero releer algún día (si me alcanza el tiempo…)

igluHay novelas que leemos en distintos momentos de la vida y que, por un motivo u otro, se enquistan en nuestra memoria y no se desprenden de ella.

No en todos los casos se trata de obras excepcionales; algunas solo obtenderían la calificación de aceptables si nos pillan especialmente generosos. Pero la permanencia en el recuerdo, ya se sabe, no depende necesariamente de la calidad literaria, sino también de las circunstancias en que esas páginas se leyeron, de las expectativas que teníamos al adentrarnos en ellas, de las necesidades que satisficieron o despertaron, en fin… de un sinfín de cosas que no viene al caso pretender enumerar.

A continuación anoto siete libros que leí durante mi niñez, mi juventud o mi madurez (todavía no califico como senior, así que los de la vejez quedan pendientes), y que siempre he deseado releer. En algunos casos no lo he hecho porque no he vuelto a encontrar una edición; en otros, por temor a que en un reencuentro no queden a la altura de mis expectativas. Y muy a menudo ha sido por falta de tiempo: por la necesidad de dedicar las horas de que dispongo para leer por placer a nuevos títulos que me hacen tentadores guiños, prometiéndome villas y castillas, y no a la relectura de los ya conocidos. Aun así, no pierdo la esperanza de volver a “hincarles el diente” algún día a estas obras. Las enumero sin ton ni son, tal como me vienen a la mente:

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TTT y la Habana insomne

Havana

La pequeña y apacible Gibara –un pueblo del oriente de Cuba, junto al Atlántico– no llegaba a los 30 mil habitantes en el año 1929, cuando el periodista y tipógrafo Guillermo Cabrera y su esposa Zoila Infante trajeron al mundo a su primer hijo. Siguiendo la tradición, le pusieron el nombre del padre.

Probablemente la vida de Guillermo Cabrera Infante habría sido otra de haber permanecido en el sitio donde nació, pero a los 12 años se trasladó a la capital del país con sus padres, quienes estaban estrechamente vinculados al Partido Comunista. Es fácil imaginar el deslumbramiento que experimentó el niño al enfrentarse, de repente, a la cosmopolita y bulliciosa Habana de los años 1940. Su fascinación por la gran ciudad fue algo así como un amor a primera vista, una intensa relación que se prolongó durante el resto de su vida.

El recién llegado se propuso convertirse en un auténtico habanero y no tardó en conseguirlo. En la urbe, su gusto por la literatura y el cine se volvió una auténtica pasión. A los 18 años publicó su primer cuento, poco después ingresó en la Escuela Nacional de Periodismo y más tarde creó, con otros cinéfilos, la Cinemateca de Cuba. En 1954, se hizo cargo en la revista Carteles de la sección de crítica cinematográfica, que firmaba con el seudónimo G. Caín (esos artículos fueron reunidos, en 1962, en el libro Un oficio del siglo XX).

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Tres razones para admirar a Chely Lima

Memorias del tiempo circular, Chely Lima,. Eriginal BooksHay escritores que sudan tinta para enlazar una palabra con otra, para armar frases y párrafos que puedan ser leídos de forma fluida y armoniosa. Algunos no lo consiguen por más que se esfuercen y lo más que alcanzan es un texto correcto, bien redactado, pero sin elegancia ni encanto, un poco “tieso”.

Primera razón para admirar a Chely Lima: Su escritura es diáfana, transparente, con una cadencia envidiable y una distinción que uno intuye, o desea creer, natural. Si yo fuera un escritor cursi del siglo XIX, podría decir que cuando ella nació, una de las siete famosas hadas de Güira de Melena que se acercaron a su cuna para concederle diferentes dones le otorgó el de escribir con esa prosa que parece surgir pulida, brillante, sin necesidad de tortuosas manipulaciones. Quizás al escuchar esta razón para admirarla, a Chely Lima le parezca infundada. Tal vez argumente que, como cualquier escritor común y silvestre, ella tiene que armar y desarmar las frases, pulir y bruñir los párrafos hasta lograr ese acabado resplandeciente que los caracteriza. Puede que, en parte, sea cierto, aunque a lo largo de los años he podido leer o escuchar con admiración muchas páginas manuscritas suyas, acabadas de escribir, sin tachaduras ni enmiendas, y eso me ha hecho pensar siempre que, si los ángeles quisieran escribir, se anotarían en un taller de creación literaria de la nada angelical, pero sí conocedora de los secretos de la escritura, Chely Lima.

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Viaje al centro de la escena

Uno de los mayores alicientes que tuvo mi aventura como crítico de teatro en las páginas del periódico El Nuevo Herald fue poder disfrutar del trabajo de los diseñadores de escenografía y vestuario Jorge Noa y Pedro Balmaseda. Cada visita a una sala para ver un nuevo espectáculo en el que ellos estaban involucrados fue una ratificación de su talento y de su creatividad. Durante esos años, pude valorar las excelentes propuestas de este binomio para montajes de obras de épocas y estilos muy diferentes: desde el colorido y desenfadado homenaje a la commedia dell’arte en Los intereses creados hasta la sombría y ambiciosa aproximación al mundo del boxeo profesional en Filo al fuego.

Experiencias como esas, sumadas a trabajos suyos apreciados posteriormente, me han convencido de que Noa y Balmaseda entregan en sus proyectos algo más que hermosos e inteligentes diseños teatrales: nos ofrecen una lectura personal y profunda de cada una de las obras dramáticas a las que se enfrentan. Ese es el verdadero “sello” de dos creadores que se distinguen por su admirable versatilidad expresiva: la capacidad para traducir lo medular de los conflictos y de la sicología de los personajes a un sugestivo lenguaje de formas, volúmenes y espacios, en el que el color, la textura y la perspectiva suelen devenir protagonistas.

Con una notable libertad de códigos y registros artísticos, estos incansables demiurgos transitan, en un constante y enriquecedor ir y venir, del barroquismo y el colorido a la austeridad y el monocromatismo; de lo monumental a lo íntimo; de la mirada realista a la fantástica… Encontrar sus nombres asociados a una puesta en escena es la mejor invitación a acudir al teatro, un reclamo al que resulta difícil sustraerse. Con esta muestra retrospectiva, que sintetiza su exitosa trayectoria en el diseño de escenografía y vestuario, Noa y Balmaseda nos convidan a acompañarlos en un singular y deslumbrante viaje al centro de la escena.

Nota escrita para el catálogo de la exposición de diseños de escenografía y vestuario Viaje al centro de la escena, presentada por Jorge Noa y Pedro Balmaseda en el Koubek Center, Miami, en julio de 2013.

Nueve recomendaciones para narradores noveles

1. Lee a los cada vez más peligrosamente desdeñados autores llamados clásicos. El encuentro con las novelas y los relatos de Guy de Maupassant, Fiodor Dostoievski, Jane Austen, Katherine Mansfield,  Thomas Mann, Juan Rulfo, Yasunari Kawabata y Marguerite Yourcenar, entre muchísimos otros, no te convertirá en un gran escritor, pero te será de gran utilidad para descubrir por qué las obras de esos narradores han cautivado, a lo largo de los años, a generaciones de lectores, y todavía continúan haciéndolo. Determinar lo que ha hecho perdurables sus textos puede resultarte más útil de lo que imaginas, además de que quizás te ayude a entender de dónde vienes y a dónde quieres ir. Probablemente te des cuenta de que el agua tibia ya se descubrió (y hace mucho más tiempo del que imaginabas).

2. Cada libro que caiga en tus manos puede convertirse en una oportunidad de perfeccionar tu trabajo literario si haces de él una lectura crítica, que te permita entender los recursos estilísticos y composicionales elegidos por su autor. Este ejercicio funciona incluso con los libros malos, que son inmejorables para tomar conciencia de los errores y proponerse no incurrir en ellos. Por supuesto, no tendría sentido que leyeras siempre de ese modo, pues entonces estarías renunciando al placer de entregarte plenamente, como un simple y gozoso lector, a los poderes de la ficción.

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